Cuando la estupidez agitó su barca y la locura salpicó en su cara iba dejándose llevar a la deriva sin esperar nada y sin pensar cuando volvería. Naufragio en aquellos ojos pudo ser la causa de tal inmenso oleaje, de tantas tormentas sin paraguas y tantas noches heladas en las que el calor te da la espalda. Entre la vegetación y numerosa fauna sigue viviendo atrapada en una isla para ella desierta aunque para él poblada. Aún espera que llegue con su nave a orillas de su triste playa, que la rescate y la lleve lejos donde el sol siempre salga, entre el mar y el cielo persiguiendo tan profunda marca. Y después de todo, ingenua marinera, sigue siendo ese capitán tu sueño.
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