Dulce impotencia manta que cubre tu cara y destapa tus pies, ese frío que recorre sus ojos y te mira sin ver. Hiriente frialdad en su mirada que se olvida de verte otra vez. Es su silencio un triste parecer que recorre sus venas cortadas entre hojas de papel. Notas que invaden tus sueño, apuntes que tomaste anteayer, son ellos los culpables de no olvidar recuerdos que te hacen volver, a días tan felices, a semanas con perdices que cazaste sin perder. Yacen estúpidos los pájaros que no avanzan, que taladran tu cabeza y no quieren desaparecer, giran por el cielo entre horas. Gustosa monotonía la del reloj dando la misma hora otra vez, gira y cambia para no mucho más tarde volver. Es nuestra vida un reloj marcado por el tiempo, olvidado en un compartimento de dicha estación de tren. Morí al ganar y perdí para nacer.
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