Este que debo enviarte es el mensaje más triste de toda mi vida, o solo puede que esta vieja chocha se haya levantado algo sentimental. Entiendo que estés preocupada porque no es fácil perder a alguien. Yo no puedo parar de pensar en tu padre, echo de menos pasear con él por la orilla de la playa al atardecer. Ese recuerdo me da fuerzas cada mañana. Aunque no me olvido, ya he perdido la cuenta de los veranos que pasamos todos juntos en aquel apartamento tan canijo, y cómo los niños se echaban la siesta en la bañera. ¡Qué calor hacía! No sé ni dónde dejé la silla de la playa roñosa de tu padre y esa toalla harapienta que sacaba de la basura cada vez que la tiraba, si vas antes que yo, tirala, hazme el favor.
Lo dicho, no te preocupes por mí, estoy bien. La vida tarde o temprano te arrincona, una se va haciendo mayor y perdiendo a todas esas personas que te han acompañado a lo largo de la vida. No te voy a engañar, se digiere mejor cuando es poco a poco y no de golpe como me ha pasado, pero la vida viene como viene. Ahora mi mayor deseo es que seas feliz, cariño. De verdad te digo que no malgastes tiempo en pensar cómo estoy porque sigo adelante todos los días con empeño. Intento cuidarme en la medida de lo posible, dada la situación. Me dan de comer tres veces al día, me ducho por la noche y duermo todo lo que me pide el cuerpo. Me gustaría salir algo más, pero ya sabes, las piernas tampoco ponen de su parte.
Ya sabía que cuando te haces tan mayor el mundo se vuelve pequeño de golpe, yo creo que es porque no te ves capaz de llegar demasiado lejos y se mueren esas ansias de devorar el mundo que sentías de joven. En parte es cómo si, con el anhelo de libertad abatido, se reformularan tus fronteras entre cuatro paredes. Te resignas, es lo único que queda, resignarse y disfrutar de los pequeños placeres del día a día. Siempre he visto la vejez como una cerca que con el crepúsculo se vuelve un poco más angosta, tus límites se encogen y al final te ves acurrucada en una habitación llena de recuerdos del otro lado. Ahora ha llegado el momento de relajarme y estrechar lazos con esa resignación para poder disfrutar de otra manera, al fin y al cabo lo que me toca es descansar.
La verdad es que no te estaba mintiendo cuando te decía que este sería el mensaje más triste, y es que creo que es mejor que sea el último. Recordar mi vida antes de que pasara todo me alienta, pero el peso que llevo arrastrando todos estos meses atrás hace que deslizar el bolígrafo se convierta en una tarea casi imposible.
Te quiero mucho, mi vida. Por favor te lo ruego, no hagas nada de lo que te pidan, porque no me van a soltar.
Lo dicho, no te preocupes por mí, estoy bien. La vida tarde o temprano te arrincona, una se va haciendo mayor y perdiendo a todas esas personas que te han acompañado a lo largo de la vida. No te voy a engañar, se digiere mejor cuando es poco a poco y no de golpe como me ha pasado, pero la vida viene como viene. Ahora mi mayor deseo es que seas feliz, cariño. De verdad te digo que no malgastes tiempo en pensar cómo estoy porque sigo adelante todos los días con empeño. Intento cuidarme en la medida de lo posible, dada la situación. Me dan de comer tres veces al día, me ducho por la noche y duermo todo lo que me pide el cuerpo. Me gustaría salir algo más, pero ya sabes, las piernas tampoco ponen de su parte.
Ya sabía que cuando te haces tan mayor el mundo se vuelve pequeño de golpe, yo creo que es porque no te ves capaz de llegar demasiado lejos y se mueren esas ansias de devorar el mundo que sentías de joven. En parte es cómo si, con el anhelo de libertad abatido, se reformularan tus fronteras entre cuatro paredes. Te resignas, es lo único que queda, resignarse y disfrutar de los pequeños placeres del día a día. Siempre he visto la vejez como una cerca que con el crepúsculo se vuelve un poco más angosta, tus límites se encogen y al final te ves acurrucada en una habitación llena de recuerdos del otro lado. Ahora ha llegado el momento de relajarme y estrechar lazos con esa resignación para poder disfrutar de otra manera, al fin y al cabo lo que me toca es descansar.
La verdad es que no te estaba mintiendo cuando te decía que este sería el mensaje más triste, y es que creo que es mejor que sea el último. Recordar mi vida antes de que pasara todo me alienta, pero el peso que llevo arrastrando todos estos meses atrás hace que deslizar el bolígrafo se convierta en una tarea casi imposible.
Te quiero mucho, mi vida. Por favor te lo ruego, no hagas nada de lo que te pidan, porque no me van a soltar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario