Mientras su padre
cerraba la tapa del contenedor la pequeña ocultaba sus ojos llorosos tras un
tupido flequillo de pelo rubio. Había salido de casa con un bonito recogido de
dos trenzas, pero el viento otoñal soplaba fuerte y este no aguantó mucho más. Cuando
se apartó el flequillo y levantó la mirada él ya había tirado las últimas
sábanas, esas sábanas que le habían acogido tantas noches y le habían protegido
de tantos monstruos, pero no pudieron más. Aquella noche ya era tarde cuando
crujió su puerta y el peor de los monstruos cruzó su cuarto. Él cerró la puerta
con suavidad.
20 de noviembre de 2013
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Entradas populares
-
Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida. Tras la ventanilla se ve difusa la casa...
-
Yo un grado ni superior que ahora me convalida estudios básicos, ella una prestigiosa carrera universitaria. Yo una mañana tras otra limpian...
-
Fingimos ser locos sin comprensión. Nos hicimos pasar por dos enfermos. Olvidando primaveras, inviernos... Y del verano, quizás no merez...
-
El árbol dijo: -Mis hojas caerán. La flor dijo: -Mi color desaparecerá. El cielo dijo: -De azul pasare a gris. La hierba dij...
-
Admito que me pude tentar por los tópicos y dejarme llevar; en ocasiones hablé demasiado y sin pensar. Seguido me pido perdón por fallarme...

No hay comentarios:
Publicar un comentario