Grito y no me oigo, se me taponan los oídos. No escucho nada, aprieto mis manos con fuerza y no oigo el mar, el monótono latir de la sangre que bombea por mi cuerpo, que resurge entre mis dedos perdidos en un triste anhelo, un deseo inalcanzable, un utopía en plena vida de rozar tu cuerpo. No hay calor, ya no hay frío, no existe temperatura pues no existo, y eso duele. Duele ser alguien y no verlo, duele perderlo todo y seguir teniendo. Tengo decepciones y mentiras que no dejan dormir, que se aferran a mis parpados y resisten a cerrarse. Por ellos ya no puedo soñar con perderme y ser libre de esta pesadilla, de este eterno sinvivir. Pero a pesar de todo sigo aquí.
23 de marzo de 2014
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Entradas populares
-
Este que debo enviarte es el mensaje más triste de toda mi vida, o solo puede que esta vieja chocha se haya levantado algo sentimental. En...
-
Con el intento de dar una bocanada al aire me despierto. Cojo el pañuelo apenas sin tino y me apresuro para evitar el lagrimeo nasal. La l...
-
Hace más de cien años, en 1917 para ser exactos, un señor británico redactó una declaración de mierda. En este escrito prometía unos terreno...

No hay comentarios:
Publicar un comentario