Y otra vez cansada de la vida, de tanto afloja y tira. De llevarme por las calles que no debimos transitar. Allí nombrarme alma en pena, donde nada olvida y nada espera. Ese lugar de promesas plenas es de nuestro futuro un jamás. Nunca más volveré a creer en el amor, tampoco en tus engaños, tan posibles, tan avaros. Y no volver a decir ni de tus labios escuchar: Cariño, el día es nuestro y el mañana, lo será.
30 de octubre de 2013
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