Ha llegado el día, ese día en el que te miras y comprendes todo. Comprendes porque tantas noches sin dormir, comprendes porque tantas lágrimas en momentos incomprensibles. Y todo mirando el horizonte que ahora ocupan sus ojos, ese instante se hace tan eterno y fugaz que jamás podrías explicarlo. Tienes la sensación de que se han taponado tus oídos y no puedes escuchar nada más, ciertamente lo oyes pero resulta todo tan lejano. Te sientes vivo pero también muerto, aunque quizás lo hayas estado todo este tiempo y ahora sea momento de revivir y empezar de verdad con lo que da sentido a la vida. Tal tortura digna de vivir.
10 de noviembre de 2014
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