Ya no quiero tus besos de buenas noches ni tus caricias de buenos días. Tampoco quiero tus abrazos que no enfrían ni tus miradas que me hechizan. Adiós a esa magia del embrujo del amor que llaman los creyentes. Nunca más me bañaré en tus ojos salados de agua fría ni me perderé en ellos a la deriva. Se acabo el volver a visitar tus labios, no volveré a probarlos ni a dejarlos agrietados. Será la última vez que la conciencia pierda para encontrarla en tu colchón. Despidámonos, ya no habrá discusiones con sonrisas ni miradas con las que la cabeza perdía. Desde hoy no contaré los segundos lejos de tus manos. Pero solo desde mañana dejaré la mentira y la verdad guiará mi vida.
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